martes, 23 de diciembre de 2008

Papá...

Viejo querido:
Ayer se cumplió un año desde que te fuiste con el barba.
Un año desde que, pocos días antes de la navidad, a lo mejor aprovechando eso que dicen que en esas fechas se abren las puertas de otras dimensiones; vos que siempre fuiste inquieto y curioso cruzaste la puerta hacia un lugar que sin dudas debe ser muy hermoso porque no quisiste volver.

Yo creo firmemente que las almas se tardan un tiempo en irse definitivamente de los lugares que amaron. Por ahí, quien te dice, estás todavía en Caseros y andas corriendo los gatos que revuelven la basura. O en al patio de la casa, matando las cucarachas que tanto te molestaban. O aunque no te vea estas acá, al lado mío, mientras escribo estas líneas.

No importa donde estas viejo. Importa que estás bien y de eso estoy seguro. La gente buena se gana un lugarcito cerquita del barba. Decile que nosotros estamos orgullosos de vos y vamos a estarlo siempre.

Te quiero papá.

Carlín

lunes, 8 de diciembre de 2008

FELIZ DÍA MARÍAS


Esta es una entrada muy especial.
El nombre de María le hace mucho sentido a mi vida, no solo por la carga espiritual que todos conocemos, también por la significación que representa para mi vida. Ambas cosas tienen mucho en común.
Me explico:
María, mi hija, es el milagro de María la Madre Celestial concedido a un matrimonio que creía que ya no podría concebir.
Mi esposa Beatríz, tenía en aquellos años de la década del 70 un tumor en la glándula hipófisis, que al decir de muchos médicos y especialistas, hacía imposible que pudiera quedar embarazada. El tumor había crecido considerablemente y era necesario extirparlo.
Una noche de un invierno frío y lluvioso, mi esposa, a pesar de todas mis recomendaciones, fue hasta la parroquia donde habitualmente asistía a misa (era una iglesia carismática). Esa noche ofrecería misa un sacerdote sanador colombiano que visitaba la Argentina: el Padre Darío Betancourt. Él oró por las personas y las intenciones de sanación de cada uno de los fieles que asistieron a la misa. Lo hizo, según me contó luego mi esposa, tocando a cada uno de ellos en una misa muy extensa y emotiva.

Poco tiempo después de aquella misa de sanación Beatriz quedó embarazada, ante el asombro de muchos de los médicos que nos habían asegurado que no seria posible de ningún modo.
El caso fue presentado en congresos internacionales donde esos mismos médicos daban cátedra.

¿Cree usted en los milagros? Yo sí.
María hoy tiene 23 años. ¿Cómo lo podría negar.



martes, 2 de diciembre de 2008

Los muchachos de mi barrio

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Parábamos en una casa abandonada en una esquina del barrio de Caseros. Ahí teníamos nuestra base de operaciones. El “porche” de aquella casita nos refugiaba de las noches frías del invierno. Eran otros tiempos en los que ocho o diez adolescentes podían estar afuera hasta muy tarde sin arriesgar la vida con eso.
Hoy a juzgar por las circunstancias diría que éramos integrantes de una generación de chicos de entre 14 y 17 años que yo llamaría... los últimos inocentes. Una barrita de amigos que lo más atrevido que hacían era practicar el “ring-raje”, o salir a “patear tachos de basura” por las noches. Una barrita de amigos que aprendía a crecer día a día alimentando sueños, que aunque lejanos, sabíamos que eran posibles. Por aquellos años todavía teníamos un futuro y entre mate y mate (y alguna que otra ginebra para matizar el frío), pasábamos los días. Sin apuros y sin responsabilidades, eso se lo dejábamos para nuestros viejos.
Aquellos amigos teníamos nombres y apellidos, sin embargo todos nos llamábamos por los apodos, a saber: “Caramelo”, “Pirulo”, “Pingüino”, “El Nipón”, “El orejas”, “El loco luna”, “El zapatero”, “El gordo kilombero”, (...bueno, tampoco éramos ángeles) por nombrar sólo a algunos.
La cuestión es que en esas noches sin nada que hacer, teníamos mucho para hablar: de la posibilidad de formar un “conjunto” musical, de nuestros odiados profesores...o hasta contar historias de misterio y cuentos de aparecidos. Pero inevitablemente la charla terminaba siempre en el tema del que menos sabíamos, pero el que más nos calentaba la noche: ¡LAS CHICAS!
Con esas “deliciosas criaturas perfumadas” jugábamos por las tardes a la “Botellita”, implorando para que se detuviera justo frente a la chica a la que qué queríamos besar. Con ellas también “chapábamos”, o... afilábamos, en un cumple de 15 o en un “asalto” (¡Sí… una fiestita!). Pero como dije anteriormente, eran ellas y solamente ellas, las que encerraban ese misterio todavía no resuelto por muchos de nosotros: el misterio del sexo.
El más maravilloso de todos los misterios y que no era un cuento...
Y así fuimos creciendo juntos, con peleas y reconciliaciones permanentes, entre los chicos y con las chicas. Con esa mezcla de amistad y amor tan especial propias de la adolescencia. Más tarde nos enamoramos, (de las chicas por supuesto), nos casamos, formamos una familia, hicimos nuevas relaciones, ganamos experiencia, seguridad y maduramos. Pero perdimos la inocencia, dejamos de ser aquellos “últimos inocentes” de los que hablé al principio.
Y la vida siguió su curso. Seguramente con los años vos y yo habremos hecho muchos nuevos amigos. Pero estoy seguro que ninguno será igual, ni siquiera parecido, a aquellos
amigos de nuestra adolescencia.
Porque solo aquellos amigos serán siempre en tu corazón y en el mío... LOS MUCHACHOS DE MI BARRIO.



lunes, 1 de diciembre de 2008

Pariendo un nuevo ser

El martes 25 de noviembre de 2008, después de casi nueve meses, terminé mi entrenamiento en "Coaching transformacional". Fueron meses de descubrimientos sin parar. Algunos maravillosos, otros dolorosos. Buscar en tu interior para conocer quien estás siendo no es fácil, pero es sanador.

Todos podemos conocer nuestro verdadero ser, ese que se esconde detrás de nuestro bien conocido ego, el que nos impide ser felices, el que hace que nos quejemos todo el día, el que nos impide sonreír por temor a que sea tomado como un signo de falta de autoridad, de cercanía con el otro. En definitiva el que no nos permite mostrarnos tal cual somos, sin máscaras, sin presiones por cargos, por títulos... sin mentiras.

Cuando aprendemos a gozar de nuestras nuevas distinciones, la vida se transforma de verdad. No es un cambio mas, es una verdadera transformación en otra persona diferente.
Todo es posible si realmente nos animamos a ver aquello que hasta hoy nos estuvo impidiendo ser sinceros con nosotros mismos y con los demás. ¿Que si duele?, por supuesto. Pero vale la pena intentarlo.
Siempre es bueno tener una visión, un sueño... e ir detrás de él.

¿Y el tuyo cual es?

Te regalo este videito para que lo pienses.